El Eco de las Mentiras

Parte 2: Sombras en el Comedor

El silencio que siguió no fue de paz, sino de asfixia. Vivienne dejó caer su tenedor sobre la porcelana con un estruendo que pareció un disparo. Miró a Marcus, luego a Edward, buscando en sus rostros una negación que no llegaba.

—¿Daniel Ferretti? —repitió Vivienne, con la voz temblorosa—. ¿El periodista que desapareció hace tres años? Marcus, ¿por qué ese hombre te enviaría un mensaje ahora?

Marcus sintió que el aire se espesaba. No era solo el nombre; era la forma en que su padre lo había pronunciado, como si tuviera el peso de una sentencia de muerte.

—No sé de qué hablas, papá —mintió Marcus, aunque sus dedos rozaban nerviosamente el borde del mantel—. Debe ser un error.

Edward se inclinó hacia adelante. La luz de la lámpara colgante proyectaba sombras profundas sobre sus ojos, ocultando cualquier rastro de humanidad.

—No cometo errores, hijo. Menos aún cuando se trata de proteger este apellido. Ferretti no solo te escribió; te envió un código de acceso a una cuenta cifrada. Una cuenta que perteneció a tu abuelo.

Marcus palideció. La implicación era clara: su padre no solo estaba mirando su teléfono, estaba monitoreando cada bit de información que entraba en su vida. Pero había algo más, algo que Edward aún no mencionaba.

—Si sabes tanto —susurró Marcus, desafiando la autoridad de su padre por primera vez en su vida—, entonces también sabes lo que Daniel encontró en el sótano de la antigua fábrica. Sabes que no fue un accidente.

Vivienne ahogó un grito, llevándose las manos a la boca. Edward no se inmutó, pero un músculo en su mandíbula saltó.

—Hay puertas que es mejor no abrir, Marcus —dijo Edward con una calma gélida—. Porque una vez que entras, no hay vuelta atrás. Y Daniel Ferretti aprendió esa lección de la manera más dura.

De repente, las luces de la casa parpadearon y se apagaron por completo. En la oscuridad total, el teléfono de Marcus volvió a vibrar. Esta vez, el brillo de la pantalla reveló un mensaje breve que hizo que su corazón se detuviera:

«Él no es quien crees. Mira debajo del cuadro de la biblioteca. El reloj corre.»


Nota: La red de engaños apenas comienza a desenredarse. ¿Qué escondía el abuelo? ¿Está Daniel realmente muerto o es solo el comienzo de una ejecución planeada? Los secretos de la familia están a punto de volverse letales.

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