Secretos de Sangre: El Eco de la Traición

El silencio en el despacho no era de paz, sino el de una bomba antes de estallar. La mujer elegante, cuyo nombre era Isabel, sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Qué llevas dentro? —susurró Isabel con la voz quebrada por la rabia y el miedo—. ¿Me estás diciendo que mi marido… que tú…?

La doctora, con una calma que rayaba en lo siniestro, no respondió con palabras. En su lugar, deslizó una mano hacia el bolsillo de su bata blanca y sacó un pequeño dispositivo electrónico con una luz roja parpadeante. No era una prueba de embarazo. Era un transmisor de datos.

El doctor finalmente levantó la vista. Su mirada ya no era de complicidad con la doctora, ni de culpa hacia su esposa. Era la mirada de un hombre que acababa de ganar una partida de ajedrez.

—Isabel, querida —dijo él, con una voz gélida—, no seas tan egocéntrica. Esto nunca se trató solo de una infidelidad.

El Giro Inesperado

La doctora se alejó del brazo del médico y caminó hacia la caja fuerte oculta tras el cuadro de anatomía. —Lo que llevo dentro, Isabel, es la clave de acceso a los protocolos del proyecto «Fénix». Ese mismo proyecto por el que tu padre fue encarcelado injustamente hace veinte años.

La mujer elegante palideció. El aire en la habitación se volvió irrespirable. La traición amorosa era solo la superficie; bajo ella se escondía una red de corrupción hospitalaria, experimentos ilegales y una venganza que se había cocinado a fuego lento durante décadas.

El Abismo se Abre

Justo cuando Isabel iba a gritar, el teléfono del despacho sonó. El doctor contestó y puso el altavoz. Una voz distorsionada dijo solo cinco palabras:

«El paciente de la 402 ha despertado. Sabe quién eres.»

La doctora y el doctor intercambiaron una mirada de puro terror. La seguridad que tenían hace un segundo se evaporó. Isabel, a pesar de su dolor, esbozó una sonrisa amarga al ver que sus verdugos también tenían dueños.

—Parece que no son los únicos que guardan secretos en este hospital —dijo Isabel, retrocediendo hacia la puerta—. Y lo que hay en la habitación 402… es lo que realmente los va a destruir a todos.

La puerta volvió a cerrarse, pero esta vez, el silencio fue absoluto. El verdadero juego apenas comenzaba.


Continuará… ¿Quién es el paciente de la 402? ¿Cuál es el verdadero vínculo entre la doctora y el pasado de Isabel? Los secretos del hospital están a punto de desangrarse.

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