Parte 2: El Pacto de las Sombras
El impacto de las últimas palabras del niño dejó el muelle en un silencio sepulcral, solo roto por el suave chapoteo del mar contra el casco del yate. El dueño, Julián, contemplaba la fotografía con los ojos desorbitados. La imagen de su hermano, Adrián, sonriendo tras la cuna, ahora parecía la mueca de un depredador.
—»¿Elegir quién caía…?» —repitió Julián, con la voz apenas audible—. ¿De qué estás hablando, niño?
El pequeño no respondió con palabras. En su lugar, señaló el brazalete de oro que Julián llevaba en la muñeca derecha. El niño sacó de su bolsillo un objeto más: un pequeño dije de ancla, partido exactamente por la mitad, que encajaba con el diseño del brazalete del dueño.
—Mi madre dijo que el «accidente» fue un intercambio —susurró el niño—. Que esa noche, la tormenta no fue el único enemigo.
El Capitán, con el rostro desencajado, miró hacia la escotilla del yate de lujo. —Señor… si esa llave abre el Camarote Tres del viejo barco naufragado, significa que alguien regresó a las profundidades mucho después del hundimiento para recuperarla. Alguien que sabía exactamente dónde estaba el diario de bitácora.

De repente, un coche negro de cristales tintados frenó bruscamente al final del muelle. Dos hombres con trajes oscuros bajaron rápidamente. La tensión subió de nivel cuando Julián, en lugar de correr hacia el niño, miró a su alrededor con pánico, pero no por el niño, sino por lo que el niño representaba: una deuda de sangre que se creía pagada.
—Capitán, llévese al niño adentro. ¡Ahora! —ordenó Julián, pero su voz ya no era fría, sino que estaba impregnada de un terror puro—. Si ellos están aquí, significa que «Él» nunca murió.
Antes de que el niño pudiera subir la pasarela, lanzó una última bomba que heló la sangre de todos los presentes: —Mi madre no me envió para salvarte, Julián. Me envió para decirte que la Cámara de Comercio no es lo único que tu hermano te robó esa noche. Hay una segunda fotografía… una donde se ve quién cortó las cuerdas del bote salvavidas. Y no fue mi padre.
La cámara se aleja lentamente mientras los hombres de negro avanzan por el muelle y Julián cae de rodillas sobre las tablas, rodeado de fragmentos de cristal y secretos que amenazan con hundir su imperio mucho más rápido de lo que se hundió aquel barco hace años.
Próximamente: ¿Quién es realmente la madre del niño? ¿Qué oscuro secreto guarda el fondo del Camarote Tres? El pasado no se ahogó… solo estaba aprendiendo a nadar.
¿Te gustaría que desarrollemos más detalles sobre la identidad del hermano o el contenido de esa segunda fotografía en la siguiente parte?

